El querer sanar el pasado, a veces nos hace perder el presente

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Lo que contenga nuestro pasado, eso es… No podemos agarrar ahora con una pinza y sacar de allí lo que no nos gustó, lo que pudimos haber hecho diferente o lo que nos marcó de cualquier manera y sacarlo, así como tampoco podemos cambiar su dimensión o duración.

Tenemos que ser cuidadosos con el tiempo que invertimos en el pasado, algunas veces queriendo sanar, pero en la mayoría de esos casos los intentos nos dirigen hacia recuerdos dolorosos, que nos hacen sentir mal nuevamente y afectan nuestro presente.



¿Qué sería lo más conveniente? Asumir que lo que pasó, pasó, no podemos deshacer lo andado, entendamos que nada es casualidad y desde allí, veamos nuestro pasado como lo que nos condujo a donde estamos, nos guste o no, sin buscar peros, sin removerlo demasiado, sin hallar culpables.

En los peores escenarios, donde hayamos sufrido demasiado y realmente sintamos que no podemos continuar, hagamos una pausa y de manera global, decidamos perdonar todo lo que nos afectó y perdonarnos a nosotros mismos y soltemos esa carga. Comencemos a construir la vida desde este punto, sin mirar atrás con fines de torturarnos.

Imaginemos como dice una persona que admiro mucho, que nuestra vida es una merengada, no nos podemos poner a sacar lo que la hace ácida o amarga, pero sí podemos tomarnos la tarea de agregar lo que sentimos que le falta, mientras más pronto empecemos, más pronto le daremos otro sabor.



Nuestro presente es lo único con lo que contamos y si nos dispersamos, colocando ante nuestros ojos un pasado que lastima, muy probablemente estemos extendiendo ese tiempo hasta nuestros días. Y aquello que dolió, lo seguirá haciendo y lo más lamentable de todo es que como nuestro enfoque se dirige con frecuencia a ese pasado doloroso, seguiremos atrayendo experiencias a nuestras vidas que nos hagan sentir de esa forma una y otra vez.

Mira hacia tu pasado con fines prácticos, no te esfuerces en sanar, en perdonar, en revolver algo que ya no puedes cambiar. Si hay algo práctico que puedas hacer que cambie el rumbo, hazlo, ofrece unas disculpas si lo consideras beneficioso, trata de enmendar errores, etc. Pero si vas a ir a tu pasado a revolverlo, disfrazando el viaje con el título de sanación, es preferible que inviertas tu tiempo y energías de hoy en adelante, no en dirección contraria.



A fin de cuentas, todo es perfecto tal y como es… No hay nada que perdonar, no hay nada que sanar.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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